Preparación de jabones

La preparación del jabón es una de las más antiguas reacciones químicas conocidas. Durante siglos la elaboración de jabones fue una tarea casera empleándose para ello cenizas vegetales y grasas animales o vegetales. Posteriormente se sustituyó la ceniza por álcalis.
Las grasas y aceites son esteres formados por un alcohol más un ácido. Las sustancias grasas se descomponen al tratarlas con una disolución acuosa de álcalis (sosa sódica o potásica) produciéndose una reacción química denominada saponificación que da como resultado jabón y glicerina.

Fundamentos de la preparación

La hidrólisis alcalina de ésteres de ácidos grasos y glicerol (glicéridos) conduce a la formación de sales de los ácidos grasos correspondientes. Estas sales constituyen los conocidos jabones. El término saponificación, que originariamente designaba la preparación artesanal del jabón por tratamiento con sosa de una grasa animal o vegetal, se generalizó a la hidrólisis básica de un éster.
Puesto que el aceite no es miscible con el agua, la saponificación por acción de la sosa acuosa implica la existencia de un sistema de dos fases que ralentiza considerablemente la reacción. Por ello, el proceso puede acelerarse empleando un catalizador de transferencia de fase que actúa transportando el ión hidróxido (OH-)desde la fase acuosa hasta la fase orgánica, al cambiar el contra-ión Na+ por otro de gran lipofilia (R4N+).

Reacción de la síntesis

 

Instrumentación

Equipo para filtración por succión.

Reactivos

Aceite alimentario 80 ml
Hidróxido sódico (corrosivo)
Aliquat® 336

Procedimiento experimental

En un vaso de precipitado de 500 ml se introducen 80 ml de aceite alimentario, se agita vigorosamente y se calienta con cuidado de no sobrepasar la temperatura de ebullición del agua (para tal fin puede utilizarse un baño María). A continuación, se añade lentamente una disolución de 12 g de hidróxido sódico en 40 ml de agua destilada y, seguidamente, unas gotas del catalizador (Aliquat® 336). La mezcla se mantiene en agitación y calefacción hasta que se observe la desaparición de las últimas gotas de aceite, indicación ésta del fin de la reacción. Entonces, sobre el crudo en reposo se añaden 20 ml de agua destilada fría. Con ayuda de una varilla de vidrio, el jabón formado se rompe en trozos pequeños los cuales se filtran a vacío, se lavan con agua fría y se secan al aire durante varios días, tras los cuales quedará listo para su uso.